“Todo buen matemático
es, al menos, la mitad de un filósofo, y todo buen filósofo es, al menos, la
mitad de un matemático”
- Gottlob Frege
El siglo XIX fue filosóficamente fructífero: Hegel llevó el
idealismo alemán a su máxima expresión; Schopenhauer se convirtió en el filósofo
romántico por excelencia; Feuerbach hizo una crítica demoledora, y atea, a la
religión; Karl Marx desarrolló una filosofía revolucionaria que puso de
manifiesto que el mundo estaba dividido en dos; Nietzsche quiso él mismo
dividir el mundo en dos y se convirtió en el filósofo favorito de mucha gente;
etc. Pero la historia no trató a todos los pensadores decimonónicos igual de bien. Este fue el caso de Gottlob Frege, quien se embarcó en uno de los
proyectos más ambiciosos de la historia de la filosofía: la reducción de toda la
matemática a la lógica. Se trataba del proyecto logicista, propuesto
inicialmente por Gottfried W. Leibniz.
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