Los movimientos asamblearios que demandan una democracia
participativa y real son cada vez más numerosos y atractivos. Personalmente
creo que son una idea estupenda. Pero creo que están abocados al fracaso si los
ciudadanos que piden democracia no empiezan a ilustrarse un poco. Y ahora me
toca argumentar a favor de mi tesis. Para ello contaré dos historias: la
primera es mi versión de cómo Platón llegó a posicionarse en contra de la
democracia ateniense. La segunda, es una historia sobre cómo el doctor House
llega a un diagnóstico acertado. Finalmente, ofreceré una síntesis con las
moralejas de ambas historias. De postre, ofrezco un breve epílogo sobre un
aspecto de la que debería ser la política educativa en un sistema democrático
genuino ¡Vamos a ello!
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